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aqui se reproduce otro mensaje de la misma persona, con comentarios muy interesantes sobre el fenomeno de leyendas urbanas. tambien me envio otro mensaje (que no lo reproduzco) donde me dice que me ponga las pilas con la pagina ya que le parece un poquito floja la parte grafica :)) paulatinamente voy a ir introduciendo mejoras :))
 
 

[...]

A propósito, ¿notaste que la mayoría de las leyendas urbanas
tienen como personaje siniestro a una mujer o a un inmigrante,
extranjero, etc.? Y digo "siniestro", claro, en el sentido en el que
Freud usaba el término, en su ensayo sobre uno de los cuentos de
E.T.A. Hoffman. Si yo abro la puerta de calle de mi casa, y ahí afuera
está esperándome Drácula, es terrorífico. Si yo abro la puerta de
calle de mi casa, y ahí afuera hay un plato volador, es extraño e
incluso fantástico. Pero si yo abro la puerta de calle de mi casa, y
ahí afuera, en donde debería estar la misma calle del barrio de
Congreso en la que siempre estuvo mi casa, lo que veo es una calle de
Nueva York, es siniestro. Lo siniestro es justamente eso: un hecho que
rompe con la cotidianeidad de forma tal que jamás podemos lograr una
conciliación, debido a que no podemos encontrar una explicación que
logre reconstruir nuestra cotidianeidad, incorporando ese hecho
siniestro a la misma. Dicho de otra forma: lo siniestro es lo
RADICALMENTE EXTRAÑO; tan extraño que cuestiona nuestro conocimiento del mundo y de nosotros mismos. Y, por lo tanto, nos obliga a replantearnos si realmente conocemos algo del mundo y de nosotros mismos. Pero, si bien siempre nos encontramos con hechos extraños (descubrir que José está saliendo con una mina, por ejemplo); lo siniestro es tan radicalmente extraño que todo intento de incorporar esa experiencia a nuestra realidad, fracasa. Si yo me encuentro con  que en la puerta de mi casa está Drácula, puede ser un tipo disfrazado. Y aunque no lo fuera, la explicación bien podría ser
"bueno, el mito del vampiro era cierto". No es una explicación muy
racional, pero al menos explica el hecho de tal forma que puedo
reconstruir mi realidad, ahora incorporando el dato de que los
vampiros existen. Si hay un plato volador, hay explicaciones, por más
que parezcan difíciles de aceptar (hay vida inteligente en otros
planetas; nos están estudiando; justo me toca ser testigo de eso, como
dicen que ya les ocurrió a otros que se encontraron con un plato
volador). Pero si yo salgo un día de mi casa, y descubro que ahora mi
casa ya no está en el mismo barrio de Congreso en donde estaba cuando entré a mi casa, sino en un barrio de Nueva York, no hay forma de explicarlo, no hay forma de incorporar eso a mi experiencia de lo
cotidiano. Entonces, lo siniestro se asemeja a las experiencias
alucinatorias, en tanto quiebra las dimensiones de lo que llamamos
"realidad" (me pregunto qué diría Leary de esto...).

 Ahora bien; como dijimos, en casi todas las leyendas urbanas
lo siniestro es fruto de la aparición de un personaje que es femenino
y/o extranjero.
 Para nosotros, hombres, lo típicamente distinto de nosotros
es, justamente, la figura femenina, a tal punto que siempre decimos
que "nunca vamos a terminar de entender a las mujeres": la mujer es lo radicalmente extraño con respecto a nosotros, los hombres. A punto tal que hay inumerables relatos y mitos en los que la figura femenina es "siniestra"; buena o mala, positiva o negativa, pero siniestra: hadas
y brujas, ángeles y vampiresas, etc. Aunque esto merece una
aclaración; las dos formas bajo las que la cultura occidental ha
incorporado la figura femenina son: como novia y amate, o como madre y ama de casa. Se trata de dos estereotipos ligados a formas arcaicas y ancestrales de intentar una comprensión de la mujer, a partir de una
definición rígida de su rol social -a tal punto que las encontramos
incluso en sociedades prehistóricas o en tribus primitivas-: la mujer
como ser apto para la procreación (novia y amante), la mujer como ser
apto para la crianza y la educación de la prole (madre y ama de casa).
 A estos dos estereotipos femeninos les corresponde su costado
negativo, "su perversión", tal como quedó instaurada en los mitos y
leyendas que produjo la cultura occidental:
 La vampiresa, en su doble acepción de come-hombres y de mujer
vampiro (el mito del vampiro, claro, es uno de los mitos más eróticos
de occidente), es la deformación, la contrafigura negativa del
estereotipo de la mujer como ser apto para la reproduccion, como novia y amante.
 El otro estereotipo negativo de la mujer, la perversión de su
otro rol social (también reproducida en mitos y leyendas) es la figura
de la bruja, cara negativa de la mujer como ser apto para la crianza,
como madre y ama de casa: la bruja que prepara en su caldero recetas
demoníacas para producir daño, es la perversión de la madre y ama de
casa que prepara en sus ollas y cacerolas la comida con que cuida y
alimenta a su familia.
 En síntesis: a nosotros, hombres, creadores y oyentes de los
relatos, mitos y leyendas que circulan socialmente, nos resulta obvio
que, en esos relatos, el personaje "siniestro" sea femenino, ya que
nunca terminamos de comprender la figura femenina; siermpre resulta lo diferente de aquello que somos nosotros.

 El motivo por el que el personaje "siniestro" de muchas otras
leyendas urbanas es un extranjero o inmigrante, es igualmente obvio. Y también tiene que ver con formas arcaicas y primitivas de pensamiento que compartimos, ya no solo con las tribus primitivas y las sociedades prehistóricas, sino con animales muy inferiores a nosotros en la escala evolutiva. El temor y el rechazo al extraño, al que es ajeno a la comunidad, se encuentra instaurado en lo más primitivo de nuestro
cerebro, y en el comportamiento de muchas otras especies animales: las abejas no permiten que entre a la colmena una abeja de otra colonia, y hasta la matarán si intenta hacerlo; la jauría rechaza al animal (de su misma especie, pero ajeno a la jauría) que se acerca, y cuida su territorio de cualquier intromisión. Esta conducta, refinada por
millones de años de evolución y por milenios de cultura, sin embargo
permanece inscripta en lo más básico de nuestro comportamiento. Eso
explica que, incluso en sociedades avanzadas que necesitan mano de
obra para trabajos mal remunerados y socialmente mal vistos, existan
siempre grupos xenófobos, que propongan la expulsión de los
extranjeros y generen teorías conspirativas que hablan de que "los
extranjeros están poniendo en peligro nuestro país". Este
comportamiento, esta forma de pensamiento primitivo que compartimos
con especies muy inferiores a la nuestra en la escala zoológica (y con
José, claro), hace del inmigrante, del extranjero, alguien
radicalmente extraño, alguien a quien debemos temer y rechazar. La
palabra inglesa "alien" no tiene traducción exacta al castellano,
aunque hay palabras en nuestro idioma que incorporan esa partícula,
como "alienación" (cuyo sinónimo bien podría ser "extrañamiento" o
"enajenación" en tanto pérdida o transformación de lo propio en
extraño y ajeno). Pero "alien" significa varias cosas al mismo tiempo:
es el extranjero, el visitante, el que viene de afuera, el que no es
de los nuestros, el distinto, el extraño, el incomprensible.
 No es sorprendente, entonces, que estas dos figuras de lo
extraño (la mujer y el extranjero) sean los disparadores de lo
siniestro en infinidad de leyendas urbanas. Si estamos en lo cierto,
esa vieja leyenda urbana que afirma que en un restaurante chino se
descubre que preparaban la comida con carne de rata, debe circular por todo el mundo, excepto... en China. Allí la comida china no es lo
extraño, sino lo cotidiano. Y hasta resulta cómico imaginar que en
Pekin circulan leyendas urbanas en las que se descubre que en un
restaurante argentino hacían empanadas con carne de rata. :)

 En síntesis: si alguna función parecieran cumplir las leyendas
urbanas, es la de provocar esa sensación de profundo extrañamiento con respecto a nuestra realidad y a quienes somos, esa sensación
fuertemente alucinatoria que, a falta de un mejor nombre, llamamos
"siniestra". Al desafiar nuestra capacidad para incorporar lo
siniestro a nuestra cotidianeidad, cuestionan nuestra percepción de la
realidad y de nosotros mismos y, a la vez, nos obligan a reconstruir
dichas percepciones aceptando la posibilidad de la existencia de
dimensiones que estén más allá de nuestra comprensión.
 Es por eso que resulta fundamental que la leyenda urbana sea
contada como hecho verídico ("esto no es un verso; es algo que le pasó al primo de un amigo del tío de un compañero de trabajo..."), ya que de lo contrario conjuraríamos ese cuestionamiento (que, al mismo
tiempo, es desafío y obligación), relegándolo al territorio de una
"ficción" inofensiva.